HERRAMIENTAS DEL RELATIVISMO...
Algunas de las herramientas del pensamiento relativo que utilizamos en la investigación critica son parecidas a las que utiliza el periodista. Pero a diferente escala. El quién, qué, dónde, cuándo y cómo que rige toda información
noticiosa es valioso como punto de partida para el investigador. Pero nuestras interrogantes son diferentes. Las del periodista tienden a mostrar, las nuestras deben demostrar.
Es fácil aplicar el relativismo en nuestros procesos racionales. Sólo es necesario indagar sobre algunos detalles, nada complejos, dentro de la información que estamos manejando. Y veremos cómo saltan las falacias como liebres y cómo se encienden las chispas de la imaginación Acerquémonos a algunos cuestionamientos propios del relativismo dentro del razonamiento investigativo:
1) ¿SOBRE QUÉ? Usando el genitivo.
Los verbos se conjugan, los nombres se declinan. En latín, el complemento del nombre, llamado genitivo, era uno de los más importantes modos de la declinación. Es el que delimita, identifica, individualiza al sujeto dentro del género. Lo redactamos utilizando la preposición de. (El perro de aguas, las rosas del sur, los hijos de… la patria, etc.)
Los hechos provienen del mundo exterior y el conocimiento investigado proviene del intelecto de otros. Siendo así, una vez enfrentado a un tema o campo de investigación el investigador deberá establecer ante sí mismo SOBRE QUÉ EXACTAMENTE va a investigar.
La labor del investigador consistirá en recopilar información compuesta ya de hechos ya de conocimiento elaborado por otras personas, para entonces crear, elaborar
sus hipótesis, sus conclusiones, sus recomendaciones o sus nuevas teorías. Su primera acción será definir o delimitar con libertad el objeto sobre el cual va a trabajar.
El relativismo y su instrumento sobre qué nos enseña a pensar que todo es investigable y que por ello debemos señalarnos específicamente sobre qué exactamente vamos a trabajar. Delimitar en este caso significa indicar, no coartar. Se delimita por razones prácticas, con genitivos, no con barreras.
Todo los hechos y todas las ideas, todo el universo del conocimiento está sujeto a análisis. El primer deber del investigador crítico es preconizar y defender la libertad de examen. No aceptar ningún dato o afirmación como definitivo, ni sustentar su trabajo sobre dogmas o axiomas.
Ningún conocimiento apriorístico le debe ser impuesto. Tampoco debe aceptar la existencia de arquetipos intelectuales que le prohíban introducirse en algún tema específico.
Nos dice Ileana Golcher que “El investigador deberá tener presente que existen en su respectiva disciplina temas prácticamente inexplorados sobre los cuales muy poco se ha investigado y por lo tanto existen escasa o incipientes referencias.” (Metodología para la Investigación Social, p.13).
Podemos investigar acerca de los conocimientos o descubrimientos de otros pensadores, ya sea para ampliarlos, criticarlos, refutarlos o explicarlos. También podemos investigar acerca de los hechos propios de la naturaleza o de la civilización. Pero son dos campos inmensamente distintos, tanto que los métodos son divergentes. Si bien es cierto que se puede trabajar sobre ambos, es imprescindible trabajar separadamente los dos tópicos.
Por ello el instrumento ¿SOBRE QUË? Nos servirá de brújula en este camino. En algunos tratados se le llama a esta herramienta el objetivo -en su acepción castiza, no docente- , en otros la interrogante, en otras el problema, etc. Para nosotros es sólo nuestra primera interrogante, el primer llamado a nuestra imaginación. No necesitamos identificarlo con un indicativo ni nada parecido. Nos basta con la seguridad de haber logrado el concepto.
Por ejemplo: Deseamos investigar sobre LOS ÁRBOLES. Pero esta es sólo una frase, no es técnicamente el objeto de una investigación. Debemos evitar las expresiones genéricas. Las palabras que expresan grupos de cosas inducen a confusión y difusión de la atención.
Nuestra educación nos ha proporcionado el mal hábito de pensar que al expresar un término genérico nos referimos a algo concreto, cuando esto obviamente no es así. La expresión el árbol, un árbol o los árboles no se refieren a un sujeto concreto en la realidad, así como las expresiones educación, investigción, academia…
Ningún árbol es igual a otro, Luego el primer paso en la investigación critica es identificar sobre cuál árbol vamos a investigar, debemos individualizarlo, y para ello debemos evitar pensar en términos genéricos, porque si pensamos en términos genéricos atribuiremos al sujeto sin verificación previa características que suponemos posee el género.
Sin darnos cuenta el generalizar puede provocar que nos encontremos recogiendo información sobre el árbol equivocado. La más mínima diferencia hace que un árbol sea distinto de otro. El sujeto en estudio será diametralmente diferente de cualquier otro.
Lo ideal es utilizar todos los complementos de nombre que nos permita el sujeto. El uso del genitivo es sumamente eficaz para ir delimitando la especie en estudio. Debemos pensar en nuestro interior en “el árbol de mangle de los humedales de Chepo”, en lugar de simplemente los árboles. Así debemos pensar en “el automóvil Ford de 1965”, en lugar del auto o los autos.
El primer paso en investigación crítica es fijar el rumbo con la brújula del sobre qué: si vamos a investigar hechos o vamos a investigar información. Luego delimitar exactamente cuáles hechos o cuál información. ¿Cuál o cuáles árboles?, Recordemos que existen innumerables especies de árboles, y cada una posee características diferentes. Pensar en términos generales hará difuso el sentido de nuestra investigación, y no precisará nuestro objetivo. ¿Qué queremos saber de qué clase de árboles?
Debemos considerar que dos cosas del mismo género no son necesariamente iguales entre sí. Podemos estudiar el árbol al mismo tiempo que otro investigador y encontrarnos trabajando sobre dos cosas completamente diferentes. Un mismo concepto, entonces, admite múltiples y variadas facetas. Mi árbol no es igual a tu árbol. Ni todos los hombres son iguales, ni todas las mujeres tampoco.
Verbigracia: Decimos que podemos subir a los árboles como el Tarzán. Esta afirmación sólo es cierta respecto de algunos árboles. Si subimos a uno quebradizo notaremos la validez del argumento. Al pensar debemos enfocar de género a especie.
Las mínimas diferencias hacen grandes diferencias. La variación en la colocación de un átomo en la cadena molecular de los hongos puede causarnos la muerte. La diferencia entre un hombre y un mono, desde el punto de vista genético es mínima. Casi desechable. Es tan pequeña que no entendemos por qué el uno es más inteligente que el otro.
Una vez decantado el objeto de nuestros estudios, señalado nuestro sujeto con todos sus complementos de nombre, debemos analizar críticamente la información que sobre él alleguemos. Estudiaremos el árbol de mangle. Utilizaremos tantos complementos del nombre como podamos.
2) ¿PARA QUÉ?… Un punto en el mapa.
Lo que hacemos debe procurar una utilidad social. Nuestro producto debe servir para algo. Hoy o en un futuro. Desperdiciar recursos propios o ajenos en investigaciones de antemano conocidas como ociosas o baladíes es socialmente irresponsable.
Embarcarnos en una investigación debe ser una aventura agradable, fresca, vívida, pero sobre todo debe ser útil. La investigación debe tener un propósito una meta. Así como al zarpar todo buque o aeronave reporta un destino real, asimismo una investigación debe buscar una meta concreta.
En los textos se habla de los objetivos, ya generales, ya específicos. Dejemos esas terminología al os académicos. A nosotros nos bastará con saber cuál es la intención de la investigación. Ese será el punto en el mapa que marca al sitio de arribo. No un lugar sino un propósito. No un método sino un compromiso…
No formularemos la pregunta ¿por qué se investiga? Esta interrogante provocará una lluvia de respuestas, todas válidas, pero para otros propósitos. En cambio preguntarnos ¿para qué investigamos? nos traerá dos o tres respuestas que debemos tomar siempre en cuenta al analizar cada dato que encontremos. No siempre coinciden los objetivos de la investigación con los objetivos del investigador. No siempre objetivos claros significan compromisos sociales válidos.
Por ejemplo: en nuestro tema sobre los árboles, nos preguntaremos ¿para qué efectuar un investigación sobre el árbol de mangle de los humedales de Chepo? Entonces nuestra mente nos indicará: Uno: Para demostrar que está en peligro de extinción, o dos: para demostrar que es factible su explotación artesanal, o tres: para demostrar que su tala altera el ecosistema, o cuatro: para demostrar que es recurso necesario para los habitantes del área, y así sucesivamente. Varias de estas respuestas encajarán con nuestro propósito u objetivos.
Cada vez que acopiemos un dato a nuestro estudio debemos tamizarlo con esta – y las demás- interrogantes. Vg.: Hemos investigado que ciento cuatro personas producen taburetes con madera de mangle. Debo utilizar este dato para demostrar que la tala de mangle es necesaria y que es un recurso de vida del área en estudio.
Toda investigación procurará demostrar algo o informar más detalladamente sobre un tema que consideramos incompleto actualmente. Lo ideal es que cada investigador escoja su tema y establezca sus metas. Debe ser libre para investigar sobre el sexo de los ángeles o sobre lo sueños de un oso en hibernación, si es su deseo. Pero a su riesgo.
Si su esfuerzo es de una ociosidad hilarante la responsabilidad social es suya y del que le encomendó el asunto. Lo ideal es que toda investigación crítica responda a una necesidad social. No necesariamente para resolver una situación social, también para conocerla y explicarla.
Por ejemplo: ¿por qué nuestros campesinos enseñan a sus niños a temer la tulivieja?. Una investigación crítica podría ayudarnos a demostrar que se procuró evitar que los y las adolescentes tuvieran sexo en la campiña utilizando una superstición como mecanismo de disuasión.
Reglamentar la formulación de objetivos es la mejor manera de poner un velo sobre la imaginación. En las ciencias sociales el exceso de reglamentaciones inhibe la producción
de conocimiento. Lo importante del objetivo es que éste exista. No que conste sobre un papel redactado en infinitivo con un verbo transitivo, no. Eso es irrelevante.
Lo importante es que exista en nuestro propósito. Si sólo lo conocemos nosotros, no importa.
Dice Araúz-Rovira que “si iniciamos una investigación sin un objetivo preciso, entonces nunca sabremos hacia donde vamos, qué podemos esperar y qué resultados obtendremos” Y tampoco sabremos cuando hemos llegado, agregaría yo. (Metodología de la Investigación Científica)
El investigador profesional siempre se verá sujeto a una serie de limitaciones en cuanto a que se le pueden encargar proyectos con metas predeterminadas, pero estos son gajes de su oficio. Quien financia al investigador lo hace casualmente para que éste le realice los propios objetivos. Pero el investigador crítico dentro de metas predeterminadas encontrará la forma de producir conocimiento auténtico.
¿Para qué voy a investigar sobre el árbol de mangle? ¿Este tema lo escogí yo o lo solicitó mi patrocinador? Si lo escogí debo determinar mi rumbo. Si me lo solicitaron entonces debo, si no la tengo, pedir información sobre el puerto de llegada. Por ejemplo: ¿para qué necesita la institución un estudio sobre el árbol de mangle? Nótese que la pregunta es para qué se investiga y no para quién investigo. La respuesta a la primera pregunta siempre implicará la segunda.
Es posible que la institución para la cual trabajamos desee demostrar que se puede seguir extrayendo mangle de las costas de Chepo, sin alterar el ecosistema. Es posible también que esa institución desee demostrar que el árbol de mangle se encuentra en peligro de extinción. Son metas…
Cada información o hecho que llegue a nosotros debe ser analizado bajo la premisa contenida en nuestra meta o destino. Él objetivo dicta la dirección del análisis. Por ejemplo: la producción de adornos de mangle es conveniente o no. Si nuestra meta es demostrar que no debe talarse el mangle, nuestra conclusión será una, si nuestra meta es demostrar que sí puede explotarse el mangle nuestra conclusión será otra. ¿Conflictos éticos? Sí… cada uno es libre, sujeto únicamente al censor de su conciencia. Lo ético lo trataremos ut infra.
3) ¿DESDE CUÁNDO? … Adverbios de tiempo.
El cuándo es otro aspecto importante del relativismo. Todo cambia. Nada es hoy como era ayer, ni será mañana tal y como lo conocemos hoy. Tan pronto recibamos una serie de datos debemos etiquetarlos con la fecha de la cual provienen. Mi árbol de hoy no es mi árbol de mañana.
La única información que no cambia es la certeza de que todo cambia. El factor tiempo es esencial al momento de evaluar toda información, antes de procesarla mentalmente y atribuirle validez o utilidad.
Las conclusiones o resultados de una investigación serán proporcionales a la realidad en la medida en que la información sobre los hechos que la sustentan se encuentre perfectamente ubicada en el tiempo.
Lo primero a tener presente en este aspecto es que el objeto de nuestro estudio ha tenido necesariamente que haber sufrido cambios durante el transcurso del tiempo. Nuestro árbol de hoy fue el arbusto ayer y será la leña de mañana. Todo depende en qué momento del tiempo comencemos nuestra investigación.
La pregunta no será ¿cuándo investigar?, sino ¿de cuándo data esta información? Utilizaremos en nuestros borradores los adverbios de tiempo y las fechas exactas. Junto a cada dato resaltaremos: de ayer, de hoy, del 4 de enero de 2005, del siglo xx, de la era victoriana, antes, después, mientras, desde, hasta, post-invasión, etc.
La falacia del continuum presupone que los pequeños cambios olas pequeñas diferencias no afectan la esencia o naturaleza de las cosas. Nos ilustra Ricardo garcía Damborenea: “… la falacia suele afirmar que a) no existen diferencias entre los extremos, b) que si existen, cualquier límite que pretendamos establece será arbitrario… He de existir un punto en el que una pequeña diferencia signifi que un cambio decisivo.” (Diccionario de Falacias).
Decidimos investigar sobre el árbol de mangle. Debemos puntualizar que esta investigación la vamos a realizar a principios del siglo XXI, con estudios previos que contienen información de los años 60 y 70.
Imprescindible resulta la necesidad de anotar en mayúsculas gigantes la época de la información que recibimos. Los datos válidos ayer pueden no serlo hoy... Las proyecciones de producción y distribución del mercado sencillamente pueden quedar fuera de la realidad.
Las conclusiones o resultados de una investigación serán proporcionales a la realidad en la medida en que la información sobre los hechos que la sustentan se encuentren perfectamente ubicados en el tiempo.
Lo primero a tener presente en este aspecto es que el objeto de nuestro estudio ha tenido necesariamente que haber sufrido cambios durante el transcurso del tiempo. Nuestro árbol de hoy fue arbusto ayer y será la leña de mañana. El niño de ayer es el adulto de hoy y el viejo de mañana. El tiempo es inexorable. Todo depende en qué momento del tiempo comencemos nuestra investigación. Decir a alguien que no ha cambiado puede ser un cumplido o un insulto…
4) ¿DE DÓNDE? … Adverbios de lugar.
Es tan importante saber la proveniencia de una información como conocer su fecha. El investigador crítico acompañará cada dato con expresiones que aludan al lugar de dónde vino. Por ejemplo, de dónde proviene el árbol a estudiar: de Austria, de medio oriente, de Islandia. El concepto de árbol es muy diferente en cada uno de esos lugares.
Debemos utilizar generosamente los adverbios de lugar y los nombres de las localidades. El árbol de Marruecos, el árbol de allá, éste árbol… Siempre ubicándolo en el espacio. La ubicación espacial de la información es esencial. No es lo mismo poseer una serie de datos sobre el árbol provenientes de un lugar desértico que de un lugar helado. O de un clima tropical, o de un arrecife.
Una misma persona, animal, vegetal o cosa, experimentará cambios apreciables si la trasladamos de un ambiente a otro. Los aparatos presentan defectos de funcionamiento en climas distintos al de su lugar de diseño. La misma información causa reacciones distintas en lugares distintos.
Durante las negociaciones de los tratados de libre comercio en Panamá se saturó a la opinión pública con datos sobre la conveniencia o no de estos acuerdos. Pero casi toda la información se proporcionaba incompleta, no se especificaba el país de origen del os datos. No es lo mismo la experiencia chilena en la materia que la experiencia nicaragüense. No es lo mismo la información preparada desde
el punto de vista del comerciante que desde el punto de vista del obrero.
El tratado NAFTA entre México y Estado Unidos pudo resultar beneficioso para unos pero no para otros. ¿De dónde vienen los datos que nos proporcionan? ¿De México o de USA?
En nuestra investigación sobre el árbol de mangle a principios del siglo XXI empezaremos con datos provenientes del litoral pacífico panameño, sector del distrito de Chepo, recopilados en 1998. Así debe constar.
Toda información carente de localización es ineficiente. Cada sitio, región o país le imprime características propias a los hechos y cosas que en él se producen. Nuestro principio de relativismo se extiende a la necesidad imperiosa de utilizar los adverbios de lugar junto a la información acumulada.
Tenemos que el SIDA es una epidemia, que el cuarenta y cinco por ciento de la población económicamente activa se encuentra padeciendo la enfermedad, lo que traerá como consecuencia inevitable una caída del producto interno bruto. Todo esto es cierto, pero ¿dónde y cuándo? Si decimos que en Panamá provocaremos una estampida.
El investigador crítico Siempre sabrá e indicará si los datos y el objeto son de allá, de acá, de allí, de aquí, utilizando nombres propios de países, pueblos, regiones, y cualquier palabra que exprese localización en el espacio.
5) ¿POR QUIÉN? ¿Sabido, escuchado o imaginado?
Las cosas se toman según de quien vengan, reza el aforismo popular. Y así es… Precisar la calidad, circunstancias e intereses creados de cada fuente es otra parte esencial de la investigación. Al preguntarnos ¿por quién? nos indagamos acerca de la calidad de nuestras fuentes, ya sean personas o instituciones.
Nos enseña Enriqueta Davis que “La crítica de las fuentes es importante toda vez que el investigador no puede emplear el método de la observación directa y que lo hechos pasados no pueden repetirse a voluntad, el investigador debe someter datos verídicos –llamados evidencias históricas- a una critica externa e interna. La crítica externa establece la autenticidad o la validez de un documento o testigo. La crítica interna tiene por objeto determinar el significado y la confiabilidad de los datos que contiene un documento”. (Metodología de la Investigación en Ciencias Jurídicas, p.31).
Por ejemplo: La situación de los derechos humanos en Cuba será descrita desde puntos de vista diametralmente opuestos por un vocero del gobierno cubano y por un vocero de los exilados. ¿Cuál información tomaremos en cuenta para nuestra investigación? Obviamente ambas, pero precisando de parte de quién viene la descripción de los hechos.
Si el tema de discusión es la cantidad de detenidos, cualquier cifra será manipulada según quien la presente. El gobierno dirá que sólo existen dos mil detenidos. Los activistas de derechos humanos dirán que existe la alarmante cifra de doce mil detenidos
En nuestra investigación sobre los árboles a principios del siglo xxi con datos del litoral pacífico panameño área de Chepo, necesitamos saber si los que realizaron el estudio, los que lo patrocinaron o los que lo evaluaron eran ecologistas o comerciantes de madera. El enfoque será diferente apreciando los mismos datos. Igualmente sucederá con una investigación sobre la extracción de arena en la plataforma continental.
Debemos desconfiar de toda fuente. Cada informante nos entregará la información desde una perspectiva que cubra sus intereses. Sólo debemos aceptar como cierto lo que personalmente hayamos comprobado, visto o experimentado. Pero este será otro tema.
Las informaciones que contienen juicios de valor deben ser citadas siempre con sus fuentes. Recordemos que las personas no suelen informar acerca de las cosas sino acerca de SU impresión de las cosas. Por ello es necesario decir “para el profesor Julián la reunión fue exitosa”, puesto que esa fue la impresión de esa persona sobre la reunión. Si digo simplemente “la reunión fue exitosa” debe entenderse que para mí fue exitosa, no se sabe los demás qué opinen.
No podemos concluir que el tema fue tratado adecuadamente. ¿Para quién? No podemos decir que las cosas son tal o cual. Debemos decir para quién es así, pues las percepciones individuales varían.
Recordemos que los colores no existen en sí mismos. Cada persona ve una gama de colores propia. Sólo existe en su cerebro. No hay dos retinas iguales. Tampoco dos percepciones iguales del mismo color. Cuando afirmamos algo sobre una cosa en realidad de lo que hablamos es de nuestra percepción de esa cosa. La información que recibimos consiste en gran parte en percepciones de otras personas sobre las cosas.
Preguntar quién está detrás de cada uno de los datos que manejamos nos coloca en el centro mismo de los intereses que mueven la historia. Las novelas escritas por historiógrafos afectos a la aristocracia describen una realidad distinta de la que presentan los escritores liberales en relación con la Francia del siglo diecisiete. ¿Cuál es la verdadera? ¿A quién debemos creer? La verdad la hubiéramos conocido si hubiéramos estado allí entonces. Todo lo demás son referencias, cada una matizada por el cristal de los narradores. ¿Creer? Un investigador crítico jamás cree en una información que no pueda comprobar. Sobretodo en las que se manejan por estadísticas.
Las estadísticas no son aplicables a los individuos de un conjunto, sólo al conjunto como un todo. Podemos deducir mediante una encuesta que el panameño promedio es inclinado a la bebida, machista, mujeriego, inculto y poco amante del trabajo. Pero no podemos pensar que el señor José, nuestro vecino, sea un tipo bebedor, machista, holgazán y mujeriego sólo porque una encuesta lo afirma.
Y aún los mejores métodos de comprobación no son del todo fiables. Una encuesta, seria, bien elaborada, bien aplicada a una muestra adecuada, puede ser un fraude sin que el investigador lo perciba. Es de humanos mentir. Verbigracia: En una comunidad muy piadosa encuestar sobre el sexo prematrimonial entre las chicas casaderas es perder el tiempo. Lo mismo que si encuestamos en ese tipo de comunidad, la latina tradicional, sobre la fidelidad de los casados, frecuencia de sexo matrimonial y otras simplezas.
La misma fuente puede proporcionarnos información distinta sobre el mismo tema, o distorsionarnos la información que él posee según afecte sus intereses. Por ejemplo El administrador de oficinas del gobierno jamás aceptará ante ningún estudio que los recursos que administra son suficientes.
Informar sobre la identidad de la fuente proporciona más autenticidad a la investigación. Contrario al periodista, nosotros sí debemos revelar las fuentes de nuestra información. Y revelarla con todos sus detalles, gentilicios, patronímicos, y demás. A mayor abundancia de información sobre las fuentes y referencias más credibilidad rodea una investigación. Lo contrario es chisme.
Si la fuente es muy fiable se puede tomar como referencia probable, pero no como verdad indiscutida. Sobretodo el hecho social, que siempre se narra a conveniencia de alguien. Edith de Castillo menciona que “la mirada neutra del individuo sobre el mundo parece una ficción, ya que antes de él está la cultura y dentro está el lenguaje”. (Metodología de la Investigación, 2003, p. 4). Esto indica qua aún involuntariamente cada informante dejará algo de
sí enmadejado entre los datos. Porque el lenguaje describe la percepción, que siempre es individual.
No confundamos la herramienta ¿Por quién? Con el argumento ad hominem de los sofistas. Este argumento consiste en refutar una proposición no por su contenido sino atacando la persona que lo propone. Así por ejemplo si un agricultor mexicano está inconforme con el NAFTA se le refuta que su opinión no es creíble porque en una ocasión él laboró como ilegal en California.
La herramienta ¿por quién? en cambio no busca desacreditar las fuentes, sino confirmar su confiabilidad expresando cómo puede influir el interés particular de las mismas en el manejo de la información. En el ejemplo anterior el agricultor mexicano rechaza el NAFTA porque su producción perdió competitividad. Debemos decirlo con esas palabras utilizando nuestra herramienta: con el nombre del informante. Insinuar que las actuaciones o defectos personales incapaciten a alguien para opinar sí es sofístico. Lo que debemos indicar que cada persona nos presentará la información tal y cómo le convenga.
Es necesario mantener actualizado siempre un registro en donde aparezcan separadas: las ideas encontradas a favor de un argumento indicando sus fuentes, las ideas encontradas contra ese argumento indicando sus fuentes y las ideas o impresiones del investigador sobre ese punto. Podemos llegar a confundir una idea ajena con una impresión nuestra e incurrir en plagio involuntario. O peor aún, podemos creer que hemos llegado a ciertas conclusiones por nosotros mismos y repetir las ideas de otro.
Al redactar es necesario indicar en cada argumento si es nuestro o ajeno. Utilizar las expresiones en mi opinión, para mí, en mi concepto, y similares. Y sobretodo abstenernos, evitar, rehuir la expresión creo, o creemos. Ya hemos explicado por qué. La investigación crítica es producción y comprobación de conocimiento. Lo que el investigador personalmente CREA, como artículo de fe, no le interesa a nadie.